viernes, 26 de noviembre de 2010

Artículo: Fútbol, narcotráfico y violencia en Colombia (1974-1995) Parte I

Desde Diarios de Fútbol publican este artículo:

Fútbol, narcotráfico y violencia en Colombia (1974-1995) Parte I

Aunque la legislación colombiana hable del tejo como el deporte nacional, no cabe duda alguna de que el fútbol es, al menos, el más popular. Pasatiempo habitual en las calles, levanta pasiones entre los millares de aficionados que acuden a los estadios o siguen los encuentros por televisión. Todo ello no supone ninguna diferencia con respecto al resto de estados latinoamericanos, ni a la práctica totalidad de todos los que pueblan el globo. Sin embargo, el fútbol sí estuvo cerca de conseguir en Colombia una victoria que nunca ha logrado en otro lugar. El fútbol llegó a Colombia a finales de la primera década del siglo pasado. Viajeros y comerciantes británicos canjearon el futuro deporte rey a cambio de café y frutas tropicales en los puertos de Barranquilla o Santa Marta. Resulta cuanto menos curioso que el entretenimiento nacional llegara por mar, en un país que ha crecido de espaldas a éste. Su desarrollo fue tardío en comparación a los estados vecinos pero, al llegar de la mano del Bogotazo y la violencia, ya adquirió en su nacimiento características de la vida política y social colombianas de las que nunca podría desprenderse. Se conoce a este período con el nombre de El Dorado, en clara referencia a la leyenda sobre la ciudad esplendorosa.

Como tal, el fútbol colombiano de los primeros 50 atrajo a base de talonario a los mejores futbolistas del continente y derrotó a los mejores equipos del mundo en los torneos amistosos que sólo entonces existían. El caso más célebre es el del Ballet Azul de los Millonarios de Bogotá, con Alfredo Di Stefano a la cabeza. El motivo principal de este éxodo fue la huelga de los clubes de ambas orillas del río de La Plata, en una época en la que todavía no estaba claro hasta qué punto el deporte de masas debía abandonar la senda del amateurismo.
Pero quitando la excepción de El Dorado, la historia de los éxitos del fútbol cafetero hasta principios de los años 80 es tan intrascendente como la resonancia de prácticamente cualquier otro aspecto del país en el marco internacional. A pesar de todo ello, en 1974 la FIFA le eligió como sede de la Copa del Mundo de 1986. El tiempo pasó, sin que la viabilidad de este proyecto convenciera a nadie, sospecha que se confirmó en octubre de 1982 cuando la FIFA envió el “cuaderno de cargos”: una serie de exigencias económicas e infraestructurales completamente inalcanzable. Tan sólo unos días después, el recién electo jefe del ejecutivo, Belisario Betancour, anunciaba la renuncia definitiva: «tenemos un montón de cosas que hacer y no disponemos de tiempo suficiente para atender las exigencias de la FIFA [...] El Campeonato debería servir a los intereses de Colombia y no a las multinacionales del fútbol».
Con estas palabras, Betancour hacía referencia a los rumores sobre un boicot dirigido por Hermann Neuberger, vicepresidente de la FIFA. Tras él estaría la también alemana Adidas, una de sus mayores patrocinadoras, que amenazaba con dejar de serlo al considerar al estado sudamericano un mercado poco rentable. El periodista suizo Bertrand Zimmerman afirmó al respecto que «en Colombia, ocho de cada diez personas van descalzas, lo que resulta escasamente interesante para las grandes industrias de calzado».
Pero lo cierto es que, aparte del económico, había otros motivos palpables que desaconsejaban la elección. Entre 1974 y 1982 se consolidó la violencia en Colombia, gestada en la década anterior. La guerrilla M-19 se afianzó, con algunos de sus golpes más espectaculares como el robo de armas del Cantón Norte o la toma de la embajada de la República Dominicana. Igualmente, el resto de grupos armados colombianos (FARC, ELN y EPL) fueron en estos años cogiendo fuerza o reconstruyéndose. Bajo el gobierno de Julio César Turbay Ayala se aprobó el Estatuto de Seguridad, para intentar acabar de un modo represivo con estos movimientos armados, en una actitud encuadrada en el contexto sudamericano de aquellos años. La fórmula, como es de suponer en estos casos, ni solucionó el problema ni agradó a todos, incrementando además el problema de la estabilidad al sacudir los cimientos democráticos del estado.
Por ello, a pesar de que Turbay logró un fuerte apoyo económico del Grupo Grancolombiano de Jaime Michelsen Uribe, los avances en la preparación del Mundial de fútbol fueron prácticamente nulos, pasando a su sucesor la patata caliente de una renuncia que ya nadie podía evitar. La imagen exterior de Colombia, quien por aquel entonces era también la máxima productora mundial de marihuana, la convertía en el lugar menos indicado para organizar un gran evento internacional.
Texto original de Emilio Pons Guia, revisado y editado por Diarios de Fútbol.

Sacado del link: http://www.diariosdefutbol.com/2010/11/26/futbol-narcotrafico-y-violencia-en-colombia-1974-1995-parte-i/

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